F9 – Complicado partido en casa.

Almagro recibió a Patronato en una nueva jornada de la Primera Nacional, esta vez, la número nueve, la cual contó con la particularidad de una hinchada a capella.

A pesar de la ausencia de bombos y platillos, los hinchas del Tricolor dijeron presente e hicieron el aguante con aplausos que acompañaron a sus voces durante los 90 minutos, en los que se vivió un partido agónico que dejó con el grito de gol atragantado a los espectadores.
Fueron unos primeros 45’ tranquilos, la pelota pasaba de un equipo al otro, y aunque no generaban mucho peligro, ambas defensas y porteros tuvieron sus oportunidades de lucirse. Aun así, el tiempo de descanso llegó con el marcador 0 a 0.

Fue el segundo tiempo el que tuvo a todos con el corazón en la mano. Arrancó con el gol de Patronato a los 47’, de un pase largo desde atrás de mitad de cancha la pelota llegó a los pies de Juan Salas, que con un toque le puso el centro al 9 Tomás Attis para que de cabeza ponga el 1 a 0.
Pero esto, contrario a desanimar al Tricolor, lo empujó a ir con más fuerza a buscar el empate, y así mismo animó a quienes estaban presentes a incrementar su aliento hacía un equipo que comenzó a presionar de manera que parecía que sus jugadores se habían multiplicado en la zona rival.

Con 71’ desde la derecha Santiago Chamorro le entregó un centro por abajo a Juan Palacio quien logró empujarla adentro del área chica, pero un defensor se interpuso entre Andrés Chávez y la pelota para mandarla afuera de la cancha.
El reloj corría, pero también lo hacía Almagro, que encendido, volvió a estar cerca los cinco antes del final con juego aéreo que permitió poner la bocha en el área chica diversas veces. Entre tantas oportunidades de darle de cabeza, a Benegas le quedó para el remate, aunque este terminó impactando en manos del arquero.

Tras 90’ aún faltaba el tiempo adicionado, el Tricolor no se despegó de su tarea de buscar convertir. Esos ocho minutos dejaron a todos sin respirar, los espacios para llegar con los pases se abrían solos, la pelota pasaba cada vez más cerca del arco, la redonda quería entrar como fuera bajo los tres palos. Pero el silbatazo final llegó antes dando por finalizado el encuentro y dejando el grito sagrado guardado para otro momento.

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